Irete meyi dice: El Peine no Puede Peinar un Calvo… El Juez que mucho avisa no quiere encontrar culpable… La persona que saca agua del rio, destruye el hogar de los peces… Fue la boca del macho cabrío la que lo mato… El sol no puede con la sombrilla y He de tener cuidado no caer en el hoyo de la prosperidad…

18 de septiembre de 2017

Al final habló Babalú Ayé



1.
Sonó el timbre lo cual me extrañó pues no suelo convivir con mis vecinos y si llega cualquier visita de improviso, el vigilante suele avisar desde la planta baja, a través del interfón, si alguien nos busca en la entrada del edificio.

El chirrido me irritó: eran las 9 de la noche de un viernes, recién me había servido un whisky y mucho hielo (mi esposa estaba de viaje), una botana de carnes frías me esperaba en el refrigerador y las notas de "So What", el disco de Miles Davies que durante semanas había postergado su escucha, sonaban ya en los rincones de la sala.

Ni qué decir que me levanté de mala gana y abrí con cierta violencia para manifestar mi enojo por la interrupción, encontrándome con la frágil figura de R, la cual al verme soltó en incontrolable llanto.

2.
Un par de meses antes, un jueves por la noche, R había llegado a mi casa acompañada de M, un Babalowo amigo mío.

Por aquellas fechas M me estaba enseñando a tirar el diloggún, razón por la cual no puse reparos en atender a su ahijada. La consulta transcurrió sin contratiempos, entregando Ogunda-Owonrin y un par de testigos más que ratificaron que R padecía brujería a través de Ozaín; se marcaron los eboses y mi amigo no dio pie a mayores comentarios.

Después sucedieron dos cosas: una, M no dio visos de que las obras marcadas las fuera a realizar con nosotros… otra, R buscó mi mirada y dejó claro que tenía muchas preguntas relacionadas con su consulta, pero principalmente con sus malestares. Finalmente se fueron.

3.
Ver a R ante mi puerta me sorprendió, más la dejé pasar (aún y cuando la presencia de una mujer en mi casa, mientras no estuviera mi esposa, siempre me incomodaba), caminé hacia el estéreo, puse de lado a Miles Davies e hice sonar el disco Avalon de los británicos Roxy Music.

Tomé mi vaso, le di un sorbo (dejando claro mi desacuerdo por su impertinencia), le ofrecí un trago y aceptó un vaso con agua. Me senté frente ella, entrelacé mis manos y la observé con curiosidad.

- disculpa que te interrumpa – se adelantó a cualquier situación – espero no complicarte nada importante, pero creo que eres la única persona que puede ayudarme…
- por qué piensas eso? – solté al quedarme claro que debía olvidarme de tener una velada tranquila.
- porque la primera vez que tuve contacto con la Santería fue contigo y la consulta que me hiciste – señaló.
- no sé cómo conociste a M, pero es tu padrino y me temo que con él deberías acudir para plantearle tus dudas – dije buscando que se largara lo más pronto posible.
- ese es el tema – aclaro – me lo presentaron, me trajo para que me consultaras y me hizo las obras que señaló el señor Elegguá, pero mi vida sigue hecha un conflicto y al no entender nada de lo que sucede, vengo a que me expliques qué está mal.
- debes platicarlo con M – advertí.
- ya intenté localizarlo, pero no me toma la llamada – me interrumpió - hablé con I, que fue quien me lo presentó y me dice que así es él: siempre está ocupado y “debo insistir hasta que me conteste”, pero mis problemas no pueden esperar.
- y qué es lo que está mal? – cometí el error de preguntar.
- todo – dijo sin dejar opción a cuestionarla - él me dijo que tras una consulta el señor Elegguá iba a decir cuáles eran mis problemas, me iba a dar consejo y señalaría los trabajos espirituales que debería hacer para salir delante.


- pero cuáles son esos problemas? – insistí.
- mi esposo me engañó con otra - dijo y tras dudar agregó con rabia - una puta.
- a todas las amantes de hombres casados se les llama “putas” y…
- una puta que contagió a mi esposo de una enfermedad venérea y él a su vez me infectó a mí.
- en tu registro se habló de brujería – señalé – y si mal no recuerdo cerraste con Irete-Meyi, donde habla Babalú Ayé.
- lo que sea – alzó la voz - mi esposo es seropositivo y yo tengo sida gracias a una puta!
- no lo creo – insistí, le di un trago a mi whisky y me lancé a fondo – y te lo digo con videncia: tu esposo es seropositivo, sí, pero desde que sospechabas que te era infiel, comenzaste a usar antivirales que de alguna manera te han protegido del contagio.
- eso es imposible – protestó – he leído bastante sobre enfermedades venéreas y me hecho estudios: tengo sida…
- no – atajé – y no cuestiones mi videncia.     
- no entiendo – dijo confundida – hazme una consulta con el señor Elegguá.
- hacértela sería deshonesto pues ya tienes a tu padrino – aclaré.
- pero quiero saber qué puedo hacer!
- lo que necesitas ya te lo dije – sonreí – pero hagamos esto: deja de buscar a M, no uses medicamentos durante una semana, después hazte la prueba Elisa y dos semanas después el PCR - y agregué burlón - si después de todo eso tus estudios dan positivo me localizas y te llevo un una persona que cura espiritualmente el sida… pero que te quede claro: regresar conmigo no me convierte en tu padrino y si resultas positiva, en el momento en que yo te lleve con quien te curará, te olvidas de que M es tu padrino: no puedes andar por la vida dando tumbos religiosos.
- en verdad conoces a alguien que puede curar el sida? – preguntó con lágrimas en los ojos.
- si no la conociera no te lo ofrecería – la corté – si estás enferma hablaremos sobre el tema, pero cómo no lo estás no llegaremos a eso.
- de acuerdo – aceptó.
- y tienes prohibido buscarme con alguien verdaderamente enfermo de sida para que se le cure.
- no entiendo tu negativa – dijo a manera de queja.
- yo sí, pero tampoco es asunto tuyo… así que ya quedamos: te haces los estudios médicos y sólo si sales positiva me llamas – advertí al tiempo que le entregaba una tarjeta con mi número.
- cuánto te debo – preguntó mientras se ponía de pie.
- lo que gustes dejar ante el señor Eleggua – dije arremedándola.

R se encaminó hacia la puerta, pero volteó hacia donde yo estaba sentado al ver que no la acompañaba: me miró y como respuesta apuré mi whisky, sonrió y salió. Apenas y se fue me puse de pie, puse el seguro y me preparé otro trago. Regresé al estéreo, me olvidé de Miles Davis y puse el cd Briyumba del cubano Chucho Valdés.

4.
Casi un mes después R me llamó por teléfono mientras me tomaba (también) un whisky en compañía de mi esposa y un matrimonio de Curanderos.

- tenía razón – soltó sin ocultar su felicidad – no tengo sida… estoy libre de cualquier enfermedad.
- te dije que me llamaras sólo si padecías sida.
- por qué estás enojado conmigo? – me cuestionó.
- porque ambos sabemos perfectamente que si tenías sida podría ser porque tu esposo te contagió, sí… o porque lo hizo tu amante…
- pero…
- la próxima vez toma tus precauciones – solté antes de cortar la llamada.