Irete meyi dice: El Peine no Puede Peinar un Calvo… El Juez que mucho avisa no quiere encontrar culpable… La persona que saca agua del rio, destruye el hogar de los peces… Fue la boca del macho cabrío la que lo mato… El sol no puede con la sombrilla y He de tener cuidado no caer en el hoyo de la prosperidad…

22 de febrero de 2017

Por qué creer en Dioses?

para María José Matarín

1.
El tema de la Fe ha sido abordado desde muchas perspectivas con la intención de justificarla, más todas se pierden en la imprecisión o en el error: la Fe no puede ser ciega, ni es exclusiva de una religión, no se debe depositar en un dios ni creer que por hacerlo llegan las soluciones.

La mala concepción de la Fe la tenemos en la asociación que de ella hacemos y lo que esperamos de dioses supremos como Krisna, Dios, Nzambi, Alá, Olofi, Masái o Yahvé, y a su vez, con la intervención de sus mensajeros, como por ejemplo, Dios con sus Arcángeles y Olofi con los Orishas (centrémonos en estos dos últimos).

2.
Si alguien desea montar un negocio confiesa: “tengo fe en que Eleggua me va a ayudar pues sabe que lo necesito para ganar dinero”, más uno debe preguntarse: con eso basta?

Nos han hecho creer que sí, pero qué hay detrás de creer que una deidad va a entregar lo que le pedimos? un sistema moralizante sobre el que se construyen iglesias y religiones que piden acatamiento, eboses, resignación, diezmo, sumisión y pago de derechos: cultos que tienen detrás a seres humanos sacando provecho económico.

Ese sistema cuyo origen no cuestionamos (y que exige conductas normadas por la religión), nos pide una Fe sin tener claro de dónde la sacaremos, ni cómo la conseguimos, por qué debemos practicarla, y de paso, nos amenaza en forma permanente con ser enjuiciados por una entidad superior si la trasgredimos.

El régimen de creencias constituido en religión surgió tras fundarse el sistema político llamado sociedad (cuyos líderes necesitaban someter nuestra ideología y espíritu), para lo cual empoderó los cultos religiosos, más llegado un punto, cuando su credibilidad llegó al límite y careció de algunas explicaciones, institucionalizó el origen divino de un dios al que debía entregársele la Fe y dejar en sus manos las injusticias de la vida.

3.
La Fe es sinónimo de confianza, más en la práctica significa resignación: conformarse a estar a disposición de un dios y de lo que él decida sobre nosotros. Las siguientes definiciones dan un ejemplo de ello:

- Tener fe es conducirse por los caminos de la vida de la forma en que un niño toma la mano de su padre. Es que dejemos nuestros problemas en manos de Dios y nos arrojemos a sus brazos antes que al abismo de la desesperación.
- Los Orishas, por concepto, no son gente, son la fe que uno tiene en ellos.
- La fe en Dios es mucho más que una creencia teórica en Él. Tener fe en Dios significa creer y confiar en Él así como obrar de acuerdo a esa creencia.
- A Elegua le encanta poner a prueba la fe del hombre y darle conocimiento Olofi de ello.
- La fe es ante todo una convicción, una comprensión cabal de lo que Dios es sin necesariamente tener todas las explicaciones al respecto.

Estos conceptos encierran una contradicción: si se tiene Fe en un dios le damos crédito de lo bueno que nos da, más si sucede algo malo se le atribuye a una entidad oscura o mala suerte, entonces: la Fe para qué si de todos modos estamos expuestos a la malignidad?

Se afirma que la Fe es un medio para acercarse a Dios, más la Biblia manipuló las palabras de Jesús al asegurar que ordenó a sus discípulos “Tened fe en Dios”, se exigen “Fe en la Fe” y en Corintios 5:7 no dudan en condenarnos “porque andamos por fe, no por vista”.

Cuando el tema se lleva a la Osha, en el odu Ogbe Truko se pide “tener fe en los Santos para que ame la vida y pueda ser inteligente y no se le destruya su propia felicidad”, indicando que sólo se supera una existencia turbulenta si se cree en los Orishas, actitud que influenciada por el sincretismo católico se convirtió en franca idolatría y fanatismo.


Por qué es malo tener Fe en una deidad para obtener soluciones? muy sencillo: porque si partimos de la afirmación de que fuimos creados a su semejanza, entonces no estamos aceptando un grado de divinidad que más que obligarnos a tener fe en quien nos creó, requiere que primero la tengamos en nosotros.

Se mencionó en otro texto que la ley del Karma es un sistema de esclavitud perfecto, más la Fe es otro de ellos: si la tenemos estaremos a expensas de Él, al igual que hacían los Sumerios con los demonios, de ahí que una solución dependerá de que quieran o no darnos lo que pedimos, no porque lo merezcamos ni porque tengamos derecho ello.

Un secreto que los practicantes de la Osha deben saber es que en los otas no se concentra sólo la energía Orisha: en ellos está nuestro astral y es el que materializa nuestras peticiones, porque siendo la religión de los Orishas para evolucionar, cómo sería posible que “ellos” se metieran en nuestra cabeza y nos cambiaran actitudes que nos hacen “vivir erradamente”? acaso las deidades Yoruba no son guías para que con su consejo evolucionemos? entonces cómo podemos crecer si no es a través de nosotros y nuestros cambios de conducta? eso no requiere antes tener Fe en uno mismo?

4.
Cuenta la leyenda que en un tiempo todos los humanos que vivían sobre la tierra eran semidioses, pero infringieron tanto las leyes del universo que Olofi* decidió castigarlos privándolos de su divinidad, escondiéndola donde jamás pudieran encontrarla y usarla para el mal.
Para ello reunió a sus Orishas y les preguntó:
- Dónde podemos esconder la divinidad que no han sabido usar los humanos para que jamás puedan encontrarla?
- En lo más profundo de la tierra - respondió Orisha Oko.
- No - indicó - porque cavaría profundamente y la encontraría.
- La sumergiremos en el fondo de los océanos – dijo Olokun.
- Tampoco – señaló Olofi - porque aprendería a sumergirse y la hallaría.
- Escondámoslo en la montaña más alta – sugirió Oggun.
- No - dijo - porque subiría a las montañas y la encontraría de nuevo.
- Escondámoslo en el cielo – propuso Ozun.
- No - señaló - porque construirá máquinas para volar y la localizaría.
- Entonces no sabemos de un lugar donde las personas no puedan llegar y encontrarla - concluyeron los Orishas, así que Olofi les dijo:
- Escóndanla dentro de ellos mismos; jamás pensarán en llegar allí ni en buscarla en ese lugar. Nunca vencerán su temor ni hundirán su mirada en el fondo de su corazón, pero además, con ello quedarán condenados a rendirles culto a ustedes cuando necesiten solucionar un problema.

Así lo hicieron y desde entonces el ser humano ha recorrido la tierra, se ha sumergido en los océanos, ha subido a las montañas, ha explorado el firmamento y las estrellas buscando su divinidad sin encontrarla y sin saber que todo el tiempo la ha llevado en su interior.

*La palabra Olofi puede ser sustituida por la de Dios o de aquella deidad con la que cada uno se sienta mejor: la conclusión será la mism

15 de febrero de 2017

El polvo y el oro (novela sobre venganza Mayombe)

“El polvo y el oro” es la máxima obra de Julio Travieso Serrano y está calificada como una de las más destacadas de la literatura cubana al narrar el periodo que abarca los inicios de la explotación del azúcar hasta el triunfo de la revolución de Fidel Castro en 1959.

Nacido en La Habana en 1940, Julio estudió leyes, ciencias y economía, fue catedrático y periodista; ha escrito 20 libros y su obra ha sido traducida a varios idiomas; entre los premios recibidos están: “Orden Aleksandr Pushkin”, “Razón de Ser”, “Mazatlán de literatura”, “Distinción por la cultura nacional” y “Nacional de la crítica literaria Cubana”.

“El polvo y el oro” (el autor tardó 7 años en escribirla), relata la vida en Cuba a lo largo de 150 años y de cómo la práctica de la Santería, el Espiritismo y el Palo entre los esclavos negros traídos de África ha sido la verdadera protagonista del retorcido y karmático destino de la isla.

La novela parte de la existencia real de la familia Valle-Iznaga, a través de la cual conocemos el poder económico de la caña, la ambientación urbano-social de la época, los sinsabores del comercio de esclavos, el papel de los masones en las rebeliones, los secretos de maleficios y embrujos, el origen de la identidad cubana y los juegos del poder.

Destaca la descripción de las relaciones entre blancos y negros, que tras un confuso entretejido, pasan de la sumisión y abuso a una simbiosis de sexo, incomprensión y venganza bajo la sombra amenazante del Palo Mayombe, brujería que marca a seis generaciones de la familia Valle con la pérdida de su riqueza, su destrucción y muerte.


Travieso da voz a los protagonistas y deja que se presenten a sí mismos: los blancos por su nombre y su vida cotidiana, los negros sin rostro, cautivos y avivando su rencor desde las sombras, permitiendo que ambos justifiquen sus conductas, más cuando los esclavos revelan el motivo del daño infringido a sus amos, sus razones se limitan a prosaico odio y venganza.

El libro tiene pinceladas de realismo mágico al combinar la vida cotidiana con la cosmogonía Conga, la cual señala que al morir una persona reencarna en un elemento de la naturaleza, como sucede a la esclava que en vida comienza a matar a los Valle-Iznaga con una Nganga, y ya muerta (reencarnando como animal, flor, insecto, ave o fantasma), los acosa y asesina sin que sepan cómo inició su infortunio.

Por si no fuera suficiente, Ikú y los Orishas dan al espíritu de la esclava facilidades para que su linaje pueda hacer Osha e incluso, durante una coronación, ella salga del Ilé para evitar que Ikú tome la vida de un Valle, tras sufrir un infarto, sólo para extenderle el sufrimiento.

Un libro monumental que narra la transición desde el inicio de la esclavitud en la isla hasta su abolición, magistralmente escrito y documentado, con grandes recursos literarios, efectivas vueltas de tuerca, coherentes saltos en el tiempo e inteligentes escenas violentas.

Sin embargo, “El polvo y el oro” genera una duda: cuántas familias han padecido vicios, enfermedades, suicidios, accidentes, locura y miseria, sin saber que su origen está en las religiones afrocubanas?, de aquí que en la lectura irrite la impunidad con la que actúan Paleros, Santeros y Espirtistas solapados por las deidades Yoruba, esos dioses sobornables que premian a la vengativa esclava (por provocar ruina, dolor y muerte), con una agradable reencarnación: convertida en feliz lluvia.


Julio Travieso, El polvo y el oro, 589 páginas, editorial Lectorum, 2011

8 de febrero de 2017

Recuperando la dignidad

Pixies sacó a finales de 2016 un nuevo disco titulado Head Carrier, el cual carga con dos estigmas: uno, el decepcionante Indie Cindy (publicado en 2014), y dos, la ausencia de la bajista y cantante Kim Deal.

Si bien Indie Cindy es uno de los peores regresos en la historia del rock, con Head Carrier vuelven a su sonido, sustituyen con decoro a Kim Deal con Paz Lenchantin, contratan a Tom Dalgety como productor (relevando a Gil Norton) y componen un puñado de temas de los que el cantante y líder Black Francis presume: “puede que este sea el disco en el que nos hayamos sentido más estables”.

Meses antes el baterista David Lovering reflexionaba sobre Indie Cindy: “sigo creyendo que en él está el ADN de Pixies, aunque quizá no tanto de las partes más duras y agresivas. Tal vez por eso alguna gente tenga ciertos problemas con el álbum… por el feedback que hemos ido recibiendo de los fans, sabemos que les gusta el sonido clásico de Pixies, y en esa onda estamos trabajando con las canciones de un futuro disco”… por su parte el guitarrista Joey Santiago prevenía: “es un desafío hacer nuevas canciones, es tan difícil como con el primer disco, la presión es la misma: una vez que entramos al estudio me estreso porque tengo que hacer algo jodidamente original.

Si bien en una declaración como esta reconocen el fiasco del álbum anterior, se dejaba entrever que en el nuevo buscarían satisfacer a los seguidores… y lo consiguen pues Head Carrier (publicado vía “Play It Again Sam Records”), ofrece 12 temas, en 35 minutos, con el estilo Pixies, sin dejar de explorar sonidos aunque con cautela.

Francis señala: “imagino que la edad nos ha permitido hacer mejor las cosas cuando entramos en un estudio de grabación”, afirma que: “a estas alturas somos más consistentes y satisfactorios con el trabajo”, y remata (sobre la salida de Kim Deal): “hay grandes cosas que surgen del caos”.


Sobre el concepto del álbum expone: “hay elementos viejos y contemporáneos, pero preferimos sonar atemporales ... no somos un grupo ultra moderno, pero evitamos convertirnos en un pastiche de otras músicas, ese es un equilibrio con el que estamos obsesionados”.

Tras la fallida incorporación de Kim Shattuck al bajo, la llegada de Paz Lenchantin consolidó al grupo y ello se refleja en el proceso de grabación del que ella describe: “todo fue muy rápido … lo grabamos en Londres, nos quedamos en un departamento que estaba justo al lado del estudio, por lo que teníamos tiempo para mejorar las canciones, practicar, beber vino y, sin prisa, poder estar enfocados, creativos, grabar”.

La ausencia de Kim Gordon es un capítulo que Black trata de cerrar: desde 2013 no se hablan, más en el disco le dedica un tema que Paz explica: “Francis me enseñó una canción y con esa idea creé una composición … le dije que la escuchara y me dijo que debía cantar en él, le dije que si yo iba a cantar, él tenía que escribir la letra, me preguntó que de qué quería que tratase… le respondí que de Kim … se encerró en el departamento y al día siguiente me entregó “All i think about now”.

Pixies entrega temas con lo que saben hacer: guitarras distorsionadas, voces desquiciantes, coros oportunos, ritmos potentes o relajados (según el caso), letras retorcidas llenas de paranoia, fantasía, amor, violencia y mitología, aderezados con su mezcla garaje-pop-surf-punk, que es lo que ha dado fama de la banda.

Head Carrier es un disco que muestra a Pixies compenetrados, con temas llenos de coherencia, creatividad y melodía que logran satisfacer al escucha, destacando “Um chagga lagga”, “Tenement song”, “Bel esprit” y la citada “All i think about now”, mientras que “All the saints” y “Plaster of Paris”, con sus aires pop terminan por caer en lo nimio, más ello no quita que en su conjunto sea un álbum digno adquirir y que permita al grupo recuperar su dignidad.

1 de febrero de 2017

Juan de los muertos

“Juan de los Muertos” es un film dirigido y escrito por Alejandro Brugués, cuya virtud es ser la primera película cubana sobre zombis y en la que una invasión de ambiguo origen arrasa con los habitantes de la isla. Ganó el Segundo Premio del Público del Festival de Cine Austin, Fanomenon Audience Award en el Festival Internacional de Cine de Leeds y Mejor película extranjera en los prestigiados Premios Goya.

Su protagonista es Juan: un cuarentón vividor que junto a su cómplice Lázaro defienden con las uñas su modo de vida, hasta que se ve obligado a salvar a su hija Camila. Oportunista e ingenioso encuentra la manera de hacer negocio con la pandemia y funda “Juan de los Muertos: matamos a sus seres queridos”, un comando que se deshace de familiares zombificados.

La cinta ironiza sobre los males que aquejan a Cuba: desde la acusación de que la plaga es un ataque yanqui (el primer zombi que aparece porta el uniforme de los presos de la base militar de Guantámano), hasta el discurso del gobierno que muestra su incapacidad de reaccionar y reconocer que están condenados a la extinción, sin faltar la sátira a la televisión, los balseros, la santería, la censura, los disidentes, las jineteras, el béisbol, la familia, la escasez y los cortes de luz.

Destacan escenas como aquella en la que el comando (incluye a un gay, en reto a la censura sobre la libertad sexual y a la práctica de Ifa), se reúne en las oficinas del Comité de defensa de la revolución para programar la parranda en turno, donde Juan dice a sus secuaces: “bueno, empecemos: dice Orunmila que hace falta más whisky - y pide al homosexual - así que caile arriba al Loco”.


La horda de zombis que cruza la Plaza de la Revolución, acosando a los protagonistas, antes de ser salvados por un mercenario yanqui, es una mofa al tercer mundo, donde los muertos vivientes reflejan al latinoamericano promedio que se niega a protestar por la miseria en la que vive, sólo busca satisfacer su necesidad de comer y está a la espera de que alguien lo salve de su miserable destino.

También la aparición de un líder local, representado por un gigantón obeso que se come a los militantes, es una sátira al canibalismo que engendran los gobiernos de izquierda totalitarios.

Hay un cuestionamiento al comunismo conforme el grupo es diezmado: los que caen en batalla son una alusión a los cubanos que murieron, en nombre de la revolución, luchando y padeciendo el embargo económico yanqui: esa dignidad que los aisló del mundo y les obligó a reinventarse.

En este sentido “Juan de los muertos” también es una llamada de atención al mostrar a un grupo de perdedores que en principio encuentran la forma de darle sentido a su existencia, tras la invasión zombie, para mutar su actitud en una lucha que va más allá de calamidades globales y de raíces ideológicas (contra “el imperio”), que finalmente se convierte en el redescubrimiento de una identidad.

Una película atrevida, incisiva y cargada de humor negro, con diálogos inteligentes que navegan entre la comicidad y la insolencia, apoyadas en escenas que provocan que el espectador ría o reflexione sobre la actual falta de ideologías que 20 años antes (gracias a la URSS y EU, mal que bien), daban un frágil equilibrio político-militar al planeta.

Los créditos finales son de antología: Fidel Castro dando un discurso ante una horda de muertos vivientes, dejando claro que en el capitalismo o el socialismo los zombis existen… y somos nosotros.