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6 de julio de 2017

Cinco esquinas

Hablar de la vida de Mario Vargas Llosas ya es redundante, así que sólo destacaré que nació en Perú, se nacionalizó español, escribió un puñado de libros clásicos, recibió el Premio Nobel de Literatura en 2010, se declara liberal y es crítico de los gobiernos latinoamericanos de izquierda.

Con una carrera literaria llena de altibajos se da a conocer con su primer libro, “La ciudad y los perros” (su máxima obra) y a partir de ella sólo manifiesta destellos de creatividad con “La guerra del fin del mundo”, “La fiesta del chivo” y “Conversación en La Catedral”, de ahí que algunos críticos le acusen de “vivir cómodamente de glorias pasadas”.

No es la primera vez que Llosa sitúa una historia en un Perú azotado por la violencia guerrillera y durante el reinado del polémico Alberto Fujimori y el tétrico Vladimiro Montesinos, más vez lo hace de la manera errática y convierte a “Cinco esquinas”, su nuevo libro, en un débil retrato de la mezquindad humana, y de paso en una parodia de su calidad literaria.

La trama gira alrededor de un millonario chantajeado por el director de una revista amarillista (posee imágenes de índole sexual que lo comprometen), mientras su cónyuge mantiene un romance con la esposa de su mejor amigo. Todo se complica cuando el protagonista se niega a la estafa, el periodista es asesinado y se descubre que quien manipula el escarnio social (a través de la prensa) es la siniestra mano de Montesinos.


Lo primero que llama la atención de la novela fue que se publicitó como un thriller erótico, cuando la relación lésbica entre dos amigas es una de las tantas subtramas a las que nos tiene acostumbrado el autor, pero que en este caso no pasa de ser un erotismo light (sic). Haciendo de lado el engaño, está escrita a manera de best-seller, sus protagonistas son débiles y ninguno queda en la memoria (salvo la detestable “Retaquita” inspirada en Laura Bozzo), los diálogos son superficiales, el desarrollo de la trama bastante lineal y sin vueltas de tuerca que no consiguen acercarla ni siquiera al pasquín policiaco.

Lo peor es que alcanza grados irritantes como el que Vargas repita su técnica de diálogos superpuestos (usado con mejor suerte en otras obras), como preámbulo al desenlace (poco creíble), que lo único que provoca en el lector es desesperación, así como el exagerado uso de hipocorísticos que terminan por vulgarizar a los personajes.

Mario no solventa el tono de burla que pretende generar cuando confronta a dos clases sociales, ricos y pobres, en las que los primeros sales bien librados (al grado de perdonarles sus excesos), mientras que los segundos se convierten en los malos (no sólo por ser pobres, sino por “feos”).

Como ya es conocido Mario Vargas Llosa se ha divorciado de su esposa a consecuencia del romance que mantiene con Isabel Preysler (una socialite de mala reputación), de ahí que “Cinco esquinas” se asemeje más a una venganza contra la prensa del espectáculo que a un ejercicio literario.

Así, “Cinco esquinas” no es un libro malo, pero viniendo de un Premio Nobel de Literatura deja mucho que desear. 

Mario Vargas Llosa, Cinco esquinas, 314 páginas, Editorial Alfaguara, 2016

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